Regalo
“No mas secretos, aquella fue una larga promesa que decidimos mantener, pero aun cuando lo aclaras parece que no sé absolutamente nada.”
A special birthday present
La escasa cantidad de amigos que poseía la rubia la hacía una completa inexperta en el tema de los cumpleaños: es decir, a duras penas regalaba algo a sus hermanas cuando estas cumplían y no lo hacía con mucho gusto que se diga, por ello ahora estaba en una encrucijada… ya que esta vez quería entregar un presente para alguien que si le importaba y cuya opinión valía oro para ella (por mucho que le costase admitirlo) ¡es más! Si tenía suerte, podría hacer que el muchacho saliera de su cascarón y la invitase a salir.
La simple idea la hacía feliz en el fondo de su ser.
En fin, ella era la única culpable de que le gustase el muchacho más “imposible” de toda la academia, pero es que a sus ojos era tan lindo: todo un caballero, como le habían enseñado debía ser el hombre perfecto, sin mencionar que cada vez que hablaba con él no salía con alguna babosada como usualmente pasaría con cualquier otro chico, no, él era completamente diferente, siempre tenía una respuesta asertiva, siempre estaba de buen humor para con ella, siempre tenía la palabra justa y era adorable como solo él podía serlo.
Se dio cuenta de esto cuando, de un tiempo a ahora, se sonrojaba como nadie cada vez que le veía pasar cerca de ella, le sonreía o tan siquiera le saludaba: según sus compañeras era demasiado obvia, pero él, como buen hombre, no lo notaba, o al menos eso le parecía a ella. Quizás tuviese que ver con el hecho de que cada vez que él intentaba hablar en otro tono ella acababa por revelar una actitud un tanto arisca que no era su culpa, es solo parte de su personalidad, y luego terminaba por recriminarse en su habitación el ser tan torpe ¡con un chico tan bueno! Así que, lamentablemente, ella también tenía gran culpa de la situación en la que se encontraba.
Por lo que, aunque fuera solo su amiga, hoy todo sería diferente, bueno… en realidad no. Era el cumpleaños del muchacho en cuestión y llevaba días con el pensamiento de que quería regalarle algo, cualquier cosa… pero solo cualquier cosa que fuera del agrado de él, y he allí donde radicaba el gran problema de la inglesa: ¿Qué podía regalarle? No estaba del todo segura, por sus charlas conocía algunas cosas que le llamaban la atención al mayor, pero no tenía ni idea de nada en concreto y eso la tenía en penurias.
Pensó a preguntarle a sus hermanas pero descartó la idea de inmediato: cualquiera de ellas simplemente, sumado a darle terribles e inutilizables ideas se burlarían de ella, lo cual era algo que ella no quería en lo absoluto. Era allí donde estaba otro gran problema ¿por qué podía contar con tan poca gente para estas cosas? Paula no estaba por las cercanías, seguramente estaba ocupada en su club, Sakura era también buena opción, al ser familiar del chico seguro que sabía sus gustos… pero la japonesa estaba ocupada con el club de tiro al arco, que el día de hoy tenía su demostración.
¡Qué bueno, buenísimo era todo este asunto!
Acomodó sus gafas mientras caminaba con el ánimo por el subsuelo, necesitaba una idea, algo… de verdad necesitaba algo. Una vez leyendo uno de los mangas que él le presto había leído algo sobre que, cuando querías de verdad a alguien, debías prepararle algo que viniera de tu corazón, comida… comida.
¡Comida!
Alice corrió pensando que era la mejor idea de la vida, eso era, le prepararía un pastel y se lo llevaría, entonces lo comerían juntos y asunto arreglado, pero que idea tan maravillosa. Estaba tan feliz que no cabía en sí de la emoción mientras corría por los pasillos en búsqueda del club de cocina, allí estaba todo lo que necesitaba sin contar de que tenían libros de recetas y demases, era lo bueno de estudiar en un instituto como aquél. Luego de correr por casi la mitad del campus llegó a su objetivo con una clara mueca de superioridad, sonrió al verle vació… pero al entrar su sonrisa se fue en una clara mueca de dolor:
Y allí estaba la cara de rana, horneando quien sabe qué cosa con su expresión sonriente de siempre, Alice crujió los dientes en frustración mientras, de igual modo ingresaba al lugar, cosa que no pasaría desapercibida por la francesa
- Oh, sí pero si es Kirkland, creo que se ha equivocado de lugar – exclamó con sorna, observando en dirección a la inglesa
- Bonnefoy… que linda sorpresa – el sarcasmo era evidente, mientras sobre su uniforme colocaba uno de los delantales que estaba allí colgado –no me molestes, estoy muy ocupada
- Mmm… verás, como encargada de la cocina debo vigilarte pues todos sabemos que en la cocina eres un inminente peligro, cherié –se acercó hasta la otra mientras le ignoraba buscando los recipientes – no puedo permitirte quemar el lugar
- ¡No voy a quemar nada you idiot! Y-yo… es más ni tengo porque decirte que vine a hacer tsk – admitía que quizás no era la mejor cocinera del mundo… pero en dulces era otra cuestión completamente distinta
- Oh, qué carácter, pero verás Kirkland… si estás aquí estarás bajo mi supervisión, y no porque lo diga yo, lo dice el comité estudiantil, así que entenderás –se subió al mesón viéndole con una sonrisa llena de sorna
La inglesa suspiró en resignación mientras empezaba a soltar todo su dichoso plan, ya la francesa de todas formas lo sabía, si ella era del club de “molestemos a Alice hasta hacerla enojar” sin embargo, con ella tenía una… relación extraña, muchos podrían llamarle amistad, aunque ellas jamás aceptarían ese término, sin embargo así estaban las cosas. Luego de haber entendido la francesa, como buena “amante del amor” encerró a la anglosajona en brazos que forcejeaba por ser soltada.
- Oh, pequeña Alice ha sido flechada por cupido ¿no es mona?
- Gabrielle you wanker! ¡exijo que me sueltes! ¡suéltame!
- Ok, ya te suelto –hizo lo pedido, la inglesa no era nada linda – ahora ¿Qué harás?
- U-Un pastel d-de chocolate con fresas… eso
- Bien, pero como de igual modo no confió en ti te ayudaré, solo por no ver mi querida cocina en ruinas por supuesto
- … Estúpida
Y, como amenazó/prometió la inglesa no pudo quitarse de encima a la francesa, tanto que quizás se sintió un poco mal porque, a pesar de que el postre se veía realmente delicioso, no era del todo suyo… pero bueno, nimiedades, a la próxima le haría un pastel ella solita y se lo daría de nuevo, de momento tenía su regalo y eso le bastaba.
Gabrielle empujó a Alice fuera de la cocina mientras la despedía con una mano, esta gruño nuevamente antes de irse en búsqueda del japonés, preguntándose en donde podría estar dio varias vueltas al instituto, incluso preguntándole a los demás donde podría estar y… nada, absolutamente nada ¿Dónde pudo haberse escondido?
Después de caminar por un largo rato notó que el timbre de salida estaba indicando la culminación de las clases, y todos estaban yéndose ya ¿tanto le había tomado hacer el bendito pastel? Alice suspiró, ahora no sabía qué hacer, ni siquiera su compañero italiano sabía dónde estaba y eso la ponía de malas, al ver ya media escuela vacía acabó por resignarse, yendo hasta un árbol cerca de la salida y sentándose bajo el, con el pastel a un lado suyo mientras subía las piernas a la altura de su pecho abrazándose a ella mientras contenía las ganas de llorar ¿y si no lo había conseguido porque estaba con alguien más? No debería importarle, después de todo ella siempre había estado sola ¿no? Que importaba… si él estaba con alguien más… no para nada.
Sin embargo, un grito a la lejanía le distrajo, haciéndole levantar el rostro con la mirada llena de lágrimas sin salir.
- Alice-san… ¡Alice-san! Al fin la encontré – exclamó mientras jadeaba un poco por el trote, ella secó sus ojos al verlo bastante sonrojada por la situación
- M-Mr Honda… usted…
- Ludwig-san me dijo que me estaba buscando, di vueltas… por toda la academia… buscándola, pero no sabía dónde estaba e irla a llamarla… -pero antes de proseguir sintió los brazos de la rubia rodeando su cuello, haciendo que él se sonrojase de igual modo - ¿A-Alice-san?
- Yo… le he hecho un regalo –lo soltó, para luego tomar el pastel y extenderlo a él con un poco de brusquedad mientras miraba al suelo – f-feliz cumpleaños, espero que le guste
Una sonrisa abarcó el sorprendido rostro del nipón mientras sostenía con ambas manos el postre, no podía negarse simplemente, después de todo se trataba de la señorita Alice, por la cual profesaba un especial aprecio por sobre todas las damas de la academia.
- Muchas gracias, de verdad apreció mucho el gesto Alice-san – una sonrisa un tanto torcida pero de inminente felicidad se dibujó en el rostro de la chica, antes de sentir como su mano era tomada por la del otro - ¿le gustaría que comiéramos juntos?
- Ehh… si… ¡sí! ¡por supuesto! –afirmó siguiéndole justo a su lado sin soltar su mano, sintiéndose más dichosa de lo que pudiese expresar con palabras.
Si, lo sabía, no podía haber planeado nada mejor que eso.
Afmæli
- ¿Einar, Einar donde estas?
La preocupación era evidente en los ojos verdes de la pequeña, que por más que buscaba entre los pasillos del gran salón simplemente no daba con el paradero del chico de cabellos grises ¿Dónde había terminado a dar?
Llevaba una cajita finamente decorada por ella en sus manos, en realidad necesitaba encontrarle, después de todo había pasado todo un día terminándolo, y no era algo que hiciera por cualquiera… solo esperaba que al islandés le gustase el color lila, no le había hecho una pijama rosa solo porque eso era un gesto casi exclusivo con su hermano, pero de cualquier forma… de verdad tenía que encontrarlo.
Había preguntado al joven Noruega por su paradero, el cual se limitó a negar con la cabeza luego de explicar que hacía un buen rato que no sabía donde podría encontrarse, con una ligera reverencia se despidió del rubio para continuar con su búsqueda ¿a quién mas podía preguntarle? Si su hermano mas cercano no lo sabía dudaba que alguien mas conociera donde se encontraba.
Por su parte el mencionado se encontraba en el baño con el rostro algo helado, un regalo se encontraba entre sus manos mientras lo veía con preocupación ¿será a que Lily le gustarían ese tipo de cosas? A pesar de que llevasen poco tiempo juntos jamás se había detenido a reparar demasiado en esas cosas ¡no porque quisiera ser poco detallista! Era solo que aun le costaba, eso sin contar que el gesto en si le daba vergüenza. Sin embargo conociendo el carácter de la germana dudaba que su dulce corazón no aceptara un detalle que viniera con cariño de su parte… se sonrojó aun mas por el hecho mientras se daba fuerzas mentalmente, solo tenía que salir del baño y encontrarla, sonreírle como ella solía hacerlo y darle el regalo… eso era todo ¡no debería ser tan difícil! Pero vaya que así se sentía.
Tras mucho pensarlo al fin salió del cuarto de baño con todo el valor puesto en sí mismo, vamos que era un hombre; no podía temer por algo como eso, con esa idea en mente caminó robóticamente en busca de la chica a la que, con una sonrisa no tardó en hallar. Ella suspiró en alivio ¡alabado sea el señor que Islandia estaba con bien! Con un tenue rubor en sus siempre blancas mejillas se acercó hasta él.
- Joven Is… E-Einar, he hecho esto para usted – con pasitos suaves llegó frente a él extendiendo el paquete – yo… eh… f-feliz… quiero decir… Ich liebe dich – bien, así todo era siempre mas fácil ¿no? El nórdico enternecido recibió el paquete antes de que, con su diestra, tomase el mentón del aun más ruborizado rostro germano.
- Lo acepto a cambio de que aceptes el mío Liech… Lily –aun le costaba dejar los formalismos, pero poco a poco lo haría, deposito su regalo en las manos enguantadas de la pequeña y feliz rubio antes de que, sin dejar de mirar a los lados primero, depositara un suave beso que sellara el dulce momento –ég elska pig, lítill Lily
Y así ambos con una sonrisa inocente, juntos de la mano, acabaron por celebrar su primer aniversario.
Delirio
La habitación ofrecía una privacidad que en ojos de alguien ajeno se sentiría casi envidiable, a pesar de vivir en el meollo del infierno aun se tenían el uno al otro, cosa que le bastaba a ambos aunque el más alto difícilmente aceptaría, al menos no a viva voz. Por otro lado el menor descansaba al pie del sofá en donde, con una sutil sonrisa se despedía de dos niños quienes le hacían compañía, pero que esa vez habían tenido que efectuar su salida mas temprano que de costumbre pues su madre así lo había ordenado, ninguno sabía cual sería la exacta razón de aquello.
Sion se despidió de los niños agitando su mano, mientras las habituales mascotas de la casa descansaban en diferentes lugares; uno en su pierna, el otro en su hombro, y el último no se encontraba en casa, probablemente en esos momentos estaba con su amo. Al ver la hora ladeó la cabeza con inocencia ¿no era momento para que ya Nezumi apareciese en casa? Era extraño, a veces llegaba tarde pero por lo general al menos le decía temprano en la mañana algo como “no me esperes” o “no te preocupes” si quizás estaba de buen humor, pues bien sin pensarlo dos veces y por mas inercia que cualquier otra razón se levanto del suelo no sin antes estirar sus extremidades y dirigirse a la improvisada cocina.
- Quizás debería preparar algo, seguramente Nezumi llegue cansado ¿no creen chicos? –las pequeñas ratitas simplemente hicieron un ruido de afirmación, mientras que la sonrisa del chico se hacia mas amplia – tomaré eso como un si, veamos… ¡una sopa de arroz! Y compré algo de pan de camino a casa, seguro que con eso basta – tampoco es como si tuvieran demasiado dinero como para costear algo mejor, pero sabia que su compañero no diría nada malo al respecto
Busco el delantal improvisado que había hecho días atrás (por el cual se gano una senda carcajada del de cabello oscuro, pues pensaba que solo era una de las tantas excentricidades del ahora albino) y empezó a poner manos a la obra, encender el caldero con agua, buscar el arroz, algunos aliños que había oído daban mejor sabor y que aun mas importante había podido costear el mismo con el dinero de su trabajo y, mientras tarareaba una melodía cualquiera repasaba mentalmente los pasos a seguir, no quería que el otro se burlara con que hacía daños irreversibles a su intestino.
Eso era al principio, ya no… al menos eso quería creer.
Mientras terminaba al fin con su creación pudo escuchar un ruido afuera, como los pasos de alguien acercándose, pensaba que eran imaginaciones suyas hasta que efectivamente la puerta fue abierta dando paso a una figura un poco mas alta que la suya, ojos grisáceos que simplemente le causaban fascinación aunque enmarcados en un semblante que hizo que el contrario ladease la cabeza ¿eran ideas suyas o Nezumi se veía… algo decaído? Decidió entonces que era momento de actuar, no soportaba verle mal o algo por el estilo.
- ¡Bienvenido a casa! Nezumi ¿estas bien? –de inmediato el otro sonrió de forma ladina, casi irónica, pero el chico simplemente no capto si con ello quería enviarle un mensaje no verbal
- ¿Cómo me ve su majestad? –se despojo de su capa así como de su suéter, simplemente lanzándolo al sillón, a Sion aun así le parecía extraña su actitud –podríamos decir, que hoy fue un día poco elegante… -y acompañado de su afirmación vino un ataque de tos que evidentemente no paso desapercibido por el albino, quien bajo la llama del caldero para dejarlo simplemente ahí mientras apresuraba a acercarse al contrario
- ¿Poco elegante? ¿en donde te metiste? ¡te enfermaste! –para confirmar sus palabras acercó su frente a la contraria, que como pensaba se encontraba hirviendo ¿Cómo no noto el sonrojo en sus mejillas antes? Se sentía inútil, él quería cuidar de Nezumi así como, que aunque lo negara, sentía que el otro cuidaba de él, y cada vez que sentía que no daba la talla simplemente quería patearse, eso no estaba bien, debía dar mucho mas de su persona -¡estas hirviendo! Ven, ya casi esta la sopa y puedo preparar un té… ¡N-Nezumi! –el mencionado negaba con la cabeza mientras que con una mezcla entre pereza, sueño y agotamiento se dejaba caer en el sofá, llevándose en el proceso el cuerpo que se encontraba frente a él
- ¿Cuántas veces he de repetirte que eso es solo señal de que estoy vivo? En la mañana pasara –nuevamente una preocupante escena de tos acompaño a sus palabras, mientras que el menor intentaba soltarse de su agarre, no por gusto… solo quería cuidarlo
- ¡Pero tienes tos y podría empeorar! ¿Qué tal si es algún virus o peor? ¡no puedo dejarte así! Nezumi suéltame, mínimo dejame traer la cena ¿si? –el otro negaba con la cabeza, mientras insistía en no soltar su cintura –hazme caso, al menos esta vez… por favor
- Quédate conmigo Sion –aquellas palabras lo dejaron fuera de lugar, o quizás solo lograron que elevaran la guardia ¿había escuchado mal acaso? Ladeó la cabeza sintiendo su rostro muy cerca del suyo, perdiéndose por unos minutos en su mirada, aquellos ojos que parecían el centro de una tormenta, simplemente le era inevitable perderse en ellos cada vez que los veía –tu eres todo lo que necesito para mejorar, tu eres mi cura –las mejillas del albino se tiñeron de inmediato en carmín ¿pero que clase de cosas estaba diciendo? Seguramente… no se daba cuenta de que… no podía ser
- Nezumi estás delirando por la fiebre – dejo que su mano recorriese una de las mejillas contrarias la cual al contacto se sintió hirviente, haciendo que su dueño inevitablemente cerrara los ojos por la inercia y el gusto que provocaba aquel simple roce – al menos… al menos duerme un poco ¿si? Ya habrá tiempo luego de que digas alguna otra cosa, en todos tus sentidos
- Que escéptico es su majestad –sin abrir los ojos el mayor sonrió, mientras se dejaba abatir por el cansancio – hasta mañana
- Hasta mañana –susurró con ternura simplemente, mientras esperaba a que el otro acabara de dormirse para poder soltarse de su agarre y prepararle algo de tomar, no lo dejaría simplemente allí enfermo sin mas que el sueño
Era un cabeza dura, ojalá se diera cuenta de eso algún día.
Y a todas esas personas lindas que siguen el blog/rebloguean posts

Los amo <3.
Si quieren algun fic pueden pedirlo, el fin de semana me pondré a escribir algo para distraerme un poco así que acepto opiniones.
Videojuegos
- No pienso hacer eso, Len
- Pero Einar es divertido… es un buen ejercicio
- ¡He dicho que no! Q-Que ejercicio va a ser si solo estaremos saltando como locos
- No es saltar, es mover el cuerpo al compás de la música, es, como que relajante
- Ya dije que no
- Cada vez que vienes a mi habitación nos ponemos a jugar videojuegos ¿ahora porque tanta negación?
- ¡Porque ese no me gusta! ¿quieres verme haciendo el ridículo?
Llevaban mas de media hora discutiendo por el mismo asunto, como todas las tardes desde que empezaron a salir (aunque el islandés se negaba a entender que esa era realidad) se habían reunido en la habitación del asiático a jugar cualquier cosa, ya habían superado desde algunos rpg hasta juegos de terror, que debían admitir que a veces estaban demasiado subidos de tono, sin embargo la disputa esta vez era por el hecho de que al castaño se la había ocurrido una genial idea: colocar el tapete del wii y practicar k-pop con el dance dance revolution, y por supuesto que esto no le gusto al albino en lo mas mínimo.
¿La razón? Sencilla: el islandés se negaba a hacer algo que involucrase el mover su cuerpo a un paso sincronizado, y mas con música rápida… según él sería un completo asco y aquello solo constataría un objeto de burla por parte del asiático.
Acabó por lanzarse a la cama mientras se negaba a ver a la cara del otro, ya le había dicho que no jugaría esa cosa y cumpliría con su palabra, por su lado Len suspiró mientras se sentaba justo a su costado, mirándolo ahí tirado, pareciese como si estuviese armando un berrinche, no diría que era típico de él pero… bueno, sí, a veces lo hacía. Se inclinó un poco sobre su cuerpo para poder susurrar a su oído, al menos podía sacar provecho a su posición.
- Pandita ¿y si me ves haciéndolo y te demuestro que no es tan difícil, que dices?
- Ya te dije que no me llames así… y no hay forma de que me convenzas a hacer el ridículo en esa cosa
- Vamos, la pantalla te dice que hacer, no es la gran cosa –como pudo sacó las fuerzas para hacer que volteara a verle –di que si
- … -El islandés acabó por soltar un largo suspiro acompañado de un asentimiento –muéstrame como es esa cosa… p-pero no te prometo nada.
Con una sonrisa de satisfacción su acompañante se acercó hasta encender la consola e introducir el cd ante la mirada fastidiada del albino, aquella sería una tortuosa y larga noche si de verdad tenía que hacer eso, lo mas “triste” del asunto es que, de tanto escuchar ese estilo de música en el reproductor del asiático había acabado por tomarle gusto, al igual que en caso contrario el otro había tomado gusto por el black metal y las cosas bizarras que cantaba Bjork.
De algún modo, como fuego y hielo podían coexistir, quizás esa era la razón por la cual aceptaba tanta tontería.
Puso una canción aleatoria ante la mirada entre escéptica y molesta del ojivioleta, poniéndola en un nivel que le dio escalofríos al leer ¿no pretendería ponerle ese nivel en dado caso que el jugase también cierto? Con menos razón haría tal estupidez, es que era fuera de toda lógica que… oh por Odín, fue que no podía ni quitarle los ojos encima. Abrió sus joyas amatistas de par en par apenas el otro empezó a jugar, y mas que jugar se veía exactamente igual a como bailaban los artistas que cantaban esas canciones; lo sabía porque los había visto en videos, joder ¿desde cuando su no… El tipo este era capaz de bailar de esa forma? No tenía sentido alguno.
Se quedó mirándolo cual si estuviera embelesado durante la duración completa de la canción, como era de suponerse, al menos para él, había sacado una puntuación altísima a pesar de que el nivel era bastante complicado, pero claro: seguro que Len llevaba si no eran meses años practicando con esa cosa ¿ahora como iba a pedirle a alguien tan amateur como él realizara semejante proeza? Seguro que ya se le había quemado el último cable que le quedaba bueno en esa loca cabeza suya.
El castaño se dio la vuelta para observar la expresión que adornaría la cara de su acompañante, que, como supuso, era totalmente épica; sus orbes abiertas de par en par con una evidente sorpresa tanto en su mirada como en sus labios. Sonrió complacido mientras se acercaba de nuevo al lugar donde el otro se encontraba sentado, mientras le dedicaba una sonrisa que realmente no podía adivinarse era de satisfacción, diversión o alguna otra cosa.
- Y bien ¿te vas a levantar de allí ya o que?
- Estas enfermo si piensas que voy a hacer eso –se cruzó de brazos, colocando una expresión seria.
- Pero es divertido… ¿por qué te niegas tanto?
- ¡No viste como lo hiciste! –le echó en cara levantándose en el transcurso de la cama para darle la espalda, ofendido –solo quieres que me monte sobre esa cosa para que quede humillado ante tu evidente superioridad –y sin darse cuenta, y antes de cualquier previo aviso, su compañero aprovecho la posición para abrazarlo de espaldas por su cintura - ¡Len!
- Yo jamás querría humillarte Einar –susurró sinceramente en su oído mientras lo aferraba un poco mas a él haciendo que las mejillas del otro se encendieran en un rojo vivo - si te digo que hagamos esto es porque quiero que te diviertas… ya sé que a veces te molesto –el otro bufo recordando todas las estupideces que pasaba por culpa del castaño, mientras el mencionado soltaba una ligera risita –pero esta vez no es para eso, estamos los dos solos, además no es para hacerlo perfecto, es solo para pasar el rato juntos, tómalo como un juego cualquiera ¿Qué dices?
Se dio media vuelta sin salirse de su abrazo, observando a sus ojos y… no pareciera que le mintiera, además sabía que aunque el hongkonés estaba realmente loco no era una mala persona, por lo que simplemente lo dejaría ser esta vez.
- Juguemos entonces –aceptó resignado mientras el otro en agradecimiento dejaba un beso en su mejilla - ¡P-Pero no hagas eso! Y ponlo en un nivel decente, demonios
- Como el pandita lo desee.
Y si, a pesar de toda la charla motivacional como era de esperarse cierto europeo fue épicamente aplastado, pero eso solo hizo que lo hicieran convencerse de que debía practicar mas, cosa que evidentemente el asiático aprovecharía, y grabaría en secreto.
Hviterussland
La mirada color zafiro de la chica que, en condiciones normales solo veía con un matiz agresivo a cualquiera ajeno a su hermano, se perdía sobre un inocente girasol que sobresalía del suelo sobre el que sus piernas se doblegaban. La conferencia había sido larga, tediosa; Y por más que Iván hubo reflejado una sonrisa en su rostro, Natalia sabía solamente fingía; O más que eso: Solo fabricaba una interminable historia llena de negativas que por más ella se negase a demostrarlo le herían el corazón.
Belarús arrugó la nariz mientras estudiaba la creatura que tenía frente a sí ¿Realmente le gustaban esas flores o solo respondía a ellas como consecuencia a la fascinación de Rusia frente a ellas? Nunca se había cuestionado el trasfondo de muchos de sus actos, ese no era su estilo de pensar; Sin embargo, en este caso decidió concluir era la primera opción. Le gustaban. Así como le gustaba la nación que era su hermano. Por supuesto, el lazo fraternal no resultaba un impedimento para el sentimiento que aguardaba dentro suyo, aquel que su confundida y quizás algo retorcida mente juraba era amor.
De la nada, el rostro de la muchacha se tornó calmo, solitario; Dejando atrás cualquier atisbo de ira que pudiese delatar malestar. Mientras tanto, su cerebro coordinaba ideas que probablemente ignoraría, ¡Esos pensamientos eran para débiles y ella no era una chica débil! Al contrario, Natalia podía jactarse de su capacidad para protegerse (y proteger a Iván), aún si esto pudiese traer como consecuencia cierta esencia clave en la conquista de un hombre normal.
Nada de eso importaba si lograba tenerlo a su lado.
De lo que ella no era conciente es que desde hacía un buen rato un par de ojos más oscuros que los suyos la observaban con fascinación. El dueño de la mirada parecía recordar el pasado al verla; Remembrar una faceta que tuvo la fortuna de vivir a su lado cuando su cabello era más corto y su cuerpo parecía aún más frágil. No fue menos bella en esa época, solo distinta. Lástima el destino hubiese decidido separarlos forjando así brechas que aún no se han podido unir del todo. No por falta de ganas, después de todo, en el caso de él los ánimos de estar al lado de Natalia una vez más se hallaban latentes en todo momento. Pero claro, las condiciones del juego estaban establecidas y el prefería mantener cierto margen.
La reunión acabó ésta vez sin Bielorrusia presente. Fue lamentable, pero solamente un par de naciones fueron las que se preguntaron por el estado de la rubia y el por qué de su ausencia tan repentina. La cifra se redujo aún más, uno, solo uno dejaría la timidez de lado para acercarse a preguntar a la chica lo ocurrido. Era irónico, se trataba de la misma persona que rato atrás la observó desde la ventana de la sala de conferencias.
Aún si sus hermanos preparaban un inminente ataque, Noruega fue capaz de pasar desapercibido y escapar (sin menospreciar la participación de Troll en el escape). Movimientos rápidos combinados con inteligencia resultaban el arma perfecta para lograr una huía efectiva.
¿Seguiría ahí? Habían pasado varios minutos, quizás tendría que buscarla.
No hizo falta, seguía ahí, quieta, con la misma expresión plasmada en el rostro y tan quieta como una estatua de sal.
Noruega se quedó parado tras el marco de la puerta a la espera de que ella realizase algún movimiento. Era extraño contemplarla de esa forma, como si se tratase de una muñeca viviente. Los minutos transcurrieron pasivos y nada cambió; La brisa pareció enfriarse de pronto al punto de hacer al nórdico acomodar la bufanda alrededor de su cuello; Ya era suficiente espera.
Los pasos del nórdico hicieron eco, anunciando su llegada al sitio donde estaba la nación más joven. Desvergonzado, se quedó quieto a su lado sin sentarse, ella por su parte se percató de su presencia, no obstante, las palabras brillaban por su ausencia.
—La reunión ha finalizado— Noruega rompió el silencio con voz neutra, sonando casi como un murmullo cantor— ¿Se siente bien?
—¿Mi hermano ya salió? —Su voz fue cortante, aunque menos brutal de lo que habitualmente era. Por supuesto, el tema central fue el ruso, eso no fallaba.
—No lo sé.
—¿Entonces para que has venido a avisar si no sabes la información completa? —Estaba cegada por el deseo de saber sobre su hermano, tanto así que incluso ignoró la cuestión de Noruega.
—Creo que no escuchó bien lo que le pregunté—Sus piernas se flextaron permitiéndole agacharse a su altura. Noruega no le temía a Natalia, era ilógico. — he preguntado que si está bien.
—… No me hablabas así desde hace mucho, insecto. —Hizo una pausa para respirar. —Hermano mayor esta con ese asiático decrepito de nuevo ¿no es así? —Noruega entendía a lo que se refería y disimular la verdad le sabía a mentira, por lo que prefería ser honesto. Al parecer el tema del estado de ella quedaría al aire (aún si se sobreentendía).
—Le vi hablando con él— Natalia chasqueo la lengua al oírlo mientras abrazaba sus piernas como buscando protección en ella misma.
—No entiendo que tiene él que no tenga yo ¿Qué le ve hermano mayor a ese idiota? Por mas que le doy vueltas al asunto… —Semi-derrotada dejó que su cabeza cayera en medio de sus piernas—Sigo sin comprender… yo le amo mas que nadie, yo no escaparía de él— El nórdico entendía, no el porqué del sentimiento de la menor, pero comprendía o al menos asimilaba que clase de dolor era el que sufría. Su pequeña Hviterussland no merecía aquello.
—¿Merece él tanto sufrimiento? —Tocar terrenos ásperos era su especialidad. La respuesta de Bielorrusia a sus palabras resultaron casi un reflejo: Una mirada de reojo cristalizada y cargada de un resentimiento que ella misma no lograba explicarse. No era la primera vez que alguien le cuestionaba eso, pero nunca nadie lo hizo con tan poco tacto y disimulo. No, no tenía respuesta, o no una lógica al menos.
—Eso no es algo que te incumba—Dicho sea de paso, ni siquiera entendía como le dijo lo que había declarado, quizás era el aura de confianza que Noruega desplegaba a su alrededor, que relajaba sin realmente ser consciente de ello.
El escandinavo consideró lo mejor sería dejar el tema a discusión hasta ahí. La conocía, indagar más solo significaría más respuestas negativas sin ningún tipo de trasfondo provechoso. No servía, y para colmo, podría ocurrírsele a la más joven la brillante idea de agredirlo (cosa que la distanciaba de él aún más), ¿Por qué no mejor dejarse llevar por las acciones y olvidar las palabras? Era parte de él, solo que no todos merecían descubrir esa faceta.
Así fue como ocurrió. En un gesto afectuoso dejó que sus brazos rodearan a Bielorrusia y encerraran su delicado cuerpo entre su pecho y sus extremidades. No estaba dispuesto a soltarla ahora, ni porque alguien se apareciera o porque ella reclamase. Como supuso la confianza que aun quedaba, pese a ser más débil que antes permanecía como un lazo vivo que los unía. Este amarre no hizo a la eslava corresponder pero sí le permitió dejarse llevar por él. La mujer dejó caer su rostro sobre el fuerte pecho de Noruega, cargando también sobre el mismo todo su peso el cual de pronto se redujo a nada. Hasta ella sabía que lo necesitaba. Sollozó suavemente, no necesitaba hablar, él tampoco, con tenerla de esa forma era más suficiente.
Que lo dejará ir, él se encargaría de sanar el dolor.
Sombrilla
Solo una pregunta cruzaba por su cabeza en ese momento ¿Por qué él tenía que acudir al llamado del moreno a penas este mencionaba que requería de su atención? No lo sabía, trataba de convencerse a sí mismo de que era por algo llamado amistad, pero no le convencía del todo, aquella relación de ellos era muy extraña para llamarse “amistad” pero prefería evadir el tema diciéndose a sí mismo que si lo era, y que él era un gran idiota, por tener un “mejor amigo” como aquel.
El rubio suspiro, se encontraba con sus sombrilla de pie frente a un fastuoso edificio, la lluvia caía a cantaros, el cielo era del gris más intenso que sus ojos habían visto en días, entendía que aquella era la época de lluvia pero eso era simplemente pasarse, eran cantaros, cantaros y cantaros de agua cayendo ese día, justamente ese día tan importante para Taichi, si no fuese tan importante, el seguramente no lo estuviese esperando debajo de aquella sombrilla, congelándose bajo el viento helado, esperando al que chico saliera de una buena vez.
Al cabo de un buen rato, pudo identificar el típico andar del chico, era un escandaloso, se podía detectar su presencia a kilómetros, el moreno le sonrió al chico que lo esperaba bajo la sombrilla y se posiciono a su lado, este al verlo suspiro y le dio una media sonrisa, el moreno fue el primero en hablar:
- Ishida, querido amigo, oficialmente soy estudiante de la universidad de Tokyo –el aludido se sorprendió, pero reconoció que se alegro por el logro de su amigo, extendió su sonrisa y lo abrazo
- ¡Vaya Taichi! ¡Enhorabuena! Me alegro mucho por ti
- Gracias –el moreno sonrió y correspondió al abrazo –y, lamento haberte hecho venir bajo esta tempestad del demonio, pero es que olvide mi sombrilla –el chico paso la mano por detrás de su cabeza mientras reía, su amigo se unió a él
- Si bueno, no hay problema, para eso están los amigos, para venir a recogerte en medio de un diluvio, todo normal
- No lo digas asi, sueno como el malo de la película –el moreno hizo un puchero a lo que el rubio golpeo sus hombros –ahora me golpeas, en serio lo siento
- No es nada, torpe
Luego de eso caminaron en silencio, la verdad no era de aquellos silencios incómodos de los que no sabes cómo escapar, era un silencio tranquilo, de los que son tolerables y hasta relajantes, aunque el bullicio de la lluvia cayendo sobre todo lo material que los rodeaba era suficiente para ensordecer a cualquiera. Durante esos minutos el rubio estuvo en trance, había algo que tenía que decirles a los chicos, algo que cambiaria la vida de él y la de los que lo rodeaba, sobretodo sus sentimientos hacia al chico que estaba acompañando.
…l lo tenía claro, aquellos sentimientos ya habían florecido más de lo que quería desde hace mucho tiempo, no es que pudiera evitarlo o detenerlo, mucho tiempo se había recriminado a sí mismo por ellos, pero ya no había nada que pudiera hacer al respecto, mientras más tiempo pasa más difícil son las cosas de ocultar, y no es que él quisiera mantenerlo en secreto.
Es que simplemente no quería perturbar la paz del moreno, era eso.
Sabía que no le correspondería de ninguna forma, eso era imposible, ellos eran amigos, punto. Aquello no podría cambiar con una declaración o cualquiera de esas patrañas escritas en libros rositas, no, ellos solamente eran amigos, aquello no pasaría de ese sentimiento y él tendría que irse con eso en claro, tragándoselo, llevándoselo a lo más profundo de su ser e intentar destruirlo para que no quedara rastro de él.
El chico suspiro, sería mejor que le dijera lo de su partida ahora que podía, ahora el dolor se iría rápido, como una inyección, y ya todo se olvidaría, él se iría, estudiaría, haría su vida y s acabo, ya nos mas sentimientos tontos hacia una persona de nombre Taichi Yagami:
- Tai… -el rubio hablo tan bajo que el chico casi no lo escucho –tengo que hablarte de algo
- Dime Matt, pero rápido que me cuestas oír el sonido de la lluvia –el menor rio mientras el otro trataba de esbozar una sonrisa, pero no le salió para nada bien –te veo mal ¿pasa algo?
- Es que… veras –callo un momento y luego prosiguió –me aceptaron en Harvard… ya sabes, para la cosa de estudiar física…
- ¿QUE? –el chico se sobresalto tanto que casi se mete de lleno en la lluvia -¿HABLAS EN SERIO?
- Claro, tu sabes que yo no bromeo con esas cosas Taichi
- Wow, no tengo palabras para expresarte cuan orgulloso estoy de ti, y cuan profunda es mi envidia hacia tu persona –el ojiazul cerró los ojos y sonrió, mientras el otro le daba palmaditas en la espalda -¡Felicidades Yamato! ¡te lo mereces!
- G-Gracias –carraspeo un poco mientras su semblante mejoraba –aunque hay algo malo en todo el asunto
- ¿Cuál?
- Que no te veré… digo, que nos lo veré en varios años –el chico bajo la mirada, triste –digo, tal vez venga una que otra vez en vacaciones pero… no estoy seguro
- Ya –el moreno paso las manos por detrás de la cabeza –sabes Matt, no es como que te fuéramos a olvidar o algo, yo te escribiré siempre que quieras, sabes que tienes nuestro apoyo, tú tienes que seguir tus sueños, no es algo fácil pero, aun asi debes ir tras ellos, y eso es lo que tú quieres, no puedes renunciar a eso por nadie –el moreno sonrió volteando a ver la cara de su acompañante, quien ahora llevaba los ojos como platos
- Wow, eso es tremendamente profundo viniendo de ti Tai, gracias
- ¿Qué quisiste decir con eso? Bastardo
- Tómalo como quieras –esta vez rio con ganas, recordó porque le gustaba tanto, era un tonto, pero más importante que todo, eres su tonto, su mejor amigo y a quien más quería
Le haría mucha falta
Ambos decidieron resguardarse bajo el techo de un restaurant, estaba cerrado, no era de extrañar por la hora y el diluvio que caía, se quedaron mirando el agua, y luego se miraron a ellos mismos. A pesar de la sombrilla se mojaron un poco las camisetas y el cabello, pero no le dieron importancia, en aquel momento de los ojos del rubio salió una pequeña lágrima delatadora, el moreno la seco con su mano
- ¡Matt no llores!
- No estoy llorando –el chico se sentó en un pequeño muro, conteniéndose un poco –es que la verdad no quiero dejarte… no quiero dejarlos, he pasado casi toda mi vida aquí con ustedes, no lo sé… se siente raro
- Matt… -el moreno se sentó a su lado, poniéndole una mano en el hombro -¿no será otra cosa?
- ¿Qué? –Matt le puso atención a un sonriente Tai -¿Qué cosa?
- Ya sabes, que extrañaras a alguien más que a los demás
- Ah… eso, bueno, si, puede… decirse que si
- ¿Y me dejarías saber quién es? –lo miro con ojos suplicantes, el rubio se mordió el labio inferior, pero se dijo a si mismo que, a estas alturas del camino, era mejor decirlo, ya que él insistía en saberlo
- Eres tú –el moreno lo miro estupefacto, luego, hizo la pregunta idiota del día
- ¿Yo?
- Si, tú –el chico lo miro con cara seria -¿contento?
- Pues… -Tai bajo la mirada, hay Matt supo que la había cagado, que buena forma de confesarse, pero ya no había vuelta atrás –yo… yo también te extrañare mucho Matt
- ¿Qué? –el rubio no daba crédito a sus oídos ¿en serio le estaba diciendo que el también…?
- Lo que oyes rubio tonto, que te extrañare, mucho… te quiero –él moreno escondió su rostro en el pecho del rubio, este quedo de piedra
No podía creerlo, se estaba convenciendo a sí mismo de que no podía ser cierto pero ¡demonios! ¡Se lo dijo! Allí mismo se lo había dicho, la persona a la que más quería en este mundo… le correspondía, no podía dejarlo pasar, sintió como su interior se lleno de un cálido sentimiento, un sentimiento que le gusto mucho.
- Tai… -lo levanto de su pecho y lo miro a la cara estaba un poco rojo –te llevare conmigo
- ¿Qué?
- Espera que pase un poco el tiempo, tienes que venir a estudiar conmigo, a Estados Unidos ¿no te parece buena idea? –el moreno lo medito un rato, luego asintió
- Yo… me esforzare, para el otro ciclo presentare para estudiar leyes allá ¿Qué te parece?
- Por mi está bien –el rubio le sonrió y lo tomo de las manos –no quiero separarme de ti, juro que no quiero
- Ni yo de ti Matt, nunca de los nunca
Y allí, con su sobrilla en el suelo y pequeñas gotas cayendo en sus cabezas, sellaron su promesa con un beso, un beso lleno del amor guardado por años, del abrazo que ambos necesitaban y de la esperanza de que algún día, ambos estarían juntos para siempre
El amor nunca falla
“Sobre todo, tengan entre ustedes un ferviente amor, porque el amor cubre una multitud de pecados.”
- Con que eso es cierto ¿eh? – la albina cerró los ojos, mientras una sonrisa irónica aparecía en sus labios – pero se supone que si es alguien que no te corresponde por ley natural, entonces… entonces ¿aun podía amarla? ¿Eso cubriría el pecado? ¿su amor?
Esperaba con fervor que fuera así.
“El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta. El amor nunca falla”.
- Diablos… ¿eso significa que no puedo amar? Tsk, eso parece kesese – sonrió de forma irónica mientras continuaba leyendo el libro blanco en sus manos, pero acabó por rendirse, nada en la biblia iba a ayudarla, no cuando no tenía un chico a su lado.
¡Pero eso que importa! Tenía a la persona mas linda del mundo, tan maternal, tan dulce, tan alegre y linda… si, le gustaba así como era: le gustaba que fuera ruda, ella también lo era, que no le siguiera nunca la corriente la hacía sentirse retada, le gustaba que fuera tan femenina, de tal forma podía molestarla y sacarla de quicio a gusto y volver a ver ese lado rudo que tanta fascinación le causaba. Pero por sobretodo…
Le gustaba ese lado que ocultaba y que solo ella podía ver, que se preocupara por ella aunque lo negara, se daba cuenta cada vez que sus manos tocaban su largo cabello para peinarlo, lo sabía cada vez que le sonreía tímidamente antes de darle un golpe, lo comprendía en cada momento en que se abría a ella y le demostraba lo que llevaba por dentro: lo que le dolía, lo que la hacía sonreír, lo que la hacia enojar… conocer cada parte de la castaña era su orgullo y algo mas por lo cual presumir cada vez que podía, porque si, incluso presumía lo que no era netamente suyo.
Pero si había algo que en verdad volvía loca a Giselle sobre Elizaveta… eso sin duda serían sus labios.
Aunque solo pudo probarlos un par de veces, y por supuesto había resultado herida por ello, mas que nada de forma física…. ¡como moría por hacerlo de nuevo! Y si, había llorado ante el altar, llorado como nunca en su vida lo había hecho, derramado lagrimas de profundo arrepentimiento e incluso prometerse pagar una penitencia ¡como cabía en su mente que iba a gustarle otra mujer! Tantas veces que pensó que algo así sería imposible, que aquello era simplemente ilógico y fuera de cualquier raciocinio.
- Esa marimacha… incita a pecar –acabó por afirmar luego de haber superado la etapa de negación, cubriendo sus labios con sus dedos, guardando el sagrado libro en la repisa – Dios no puede enojarse conmigo por enamorarme de uno de sus ángeles ¿cierto? –una exclamación para si misma acompañada de una sonrisa se lleno en la habitación – después de todo como la persona grandiosa que soy, merezco a alguien de mi talla.
Y estaba segura, mas que segura de que eso no podía ser malo ¿cierto? Todo lo que sentía era puro, simple y mejor de lo que cualquier hombre podía hacerla sentir, sin contar que ella quería verla feliz ¿extraño, no? Toda una vida dependiendo de su ego, enmascarando sus debilidades en un falso muro de perfección, y viene una simple chica… y lo derrumba todo al instante, marimacha tenía que ser, aunque mejor corregía; era su marimacha después de todo.
Acomodo su blanco cabello antes de salir corriendo en su búsqueda, ya no tenía dudas ¡ya nada importaba! Había llegado a comprender que para ser feliz a veces hay que cambiar las reglas, pero según ella no iba a cambiarlas; solo las mejoraría y les daría un nuevo sentido, eso sin duda era mucho mejor y completamente dentro de sus creencias, además… era amor, y el amor no puede ser nunca algo malo.
- ¡Eli! – un gritó de voz fuerte retumbo por los pasillos del instituto mientras cierta morena solo daba media vuelta al oír parte de su nombre, pero antes de nada fue encerrada en un enorme abrazo – te encontré
- … ¡Idiota! No puedes llegar y abrazar así a la gente – la albina sonrió de lado al ver el rostro molesto de la castaña, se veía tan linda… ahora menos la iba a soltar, sin contar que enojada era como mejor se veía
- ¡ Déjame ser! La grandiosa yo esta pecando por tu amor, así que mas te vale apreciarlo – dejo un beso en su nariz, ignorando si alguien las veía o no, la otra sonrojada le intentó propinar un golpe, fallando a propósito
- … Giselle ¿sigues con eso? Ya te dije que es mejor que dejes esas tonterías
- ¡Nada de lo que la chica mas genial de este instituto piensa son tonterías! Además, encontré algo que nos defiende, te dije que lo encontraría kesese
- ¿E-En serio? –se separó de su abrazo con curiosidad para ver ahora los ojos carmesí que mas le gustaban - ¿Qué dice?
Giselle ni corta ni perezosa sonrió mas, antes de mirar a los lados y luego tomar del mentón a su compañera que, de momento, no pudo mas que corresponder a la acción, entregando por unos segundos su cariño, su alma, su corazón y espíritu en un simple gesto, lego de separarse ambas se miraron sonrientes, no hacía falta que la germana lo dijese, pero igual lo haría.
- Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta. El amor nunca falla… ¿te suena? –comentó ladeando la cabeza, la morena solo miró al suelo sonriendo, y lego subió la mirada a ella
- ¿Me amas entonces?
- No mas que a mi misma –dejo un suave beso en su frente –pero te dire que si igual, y para mi es suficiente
- ¿Por qué no me sorprende?
- ¿Ah no? –la tomo de la mano, para luego hacerla correr - ¡veras como la grandiosa yo siempre podrá sorprendenrte!
- ¡Giselle, pero hay clases! –aunque eso no detendría a la albina, nunca lo había hecho
“Hay siempre un poco de locura en el amor. Más también hay siempre un poco de razón en la locura”.
Fix you
Y todo terminó en un abrazo, un suave abrazo que ambos sabían que necesitaban, después de todo lo que pasaron un abrazo era lo menos que podía obtener después de tantas molestias, solo un poco de paz bajo la nieve, incluso si luego acabasen ambos enfermos ¿pero qué importa eso cuando lo que más necesitas está a tu lado?
- Tai… eres un idiota ¿lo sabes? –preguntó la pelirroja escondida en el cuello del chico, quien solo rio con suavidad mientras la mantenía entre sus brazos
- Me lo han dicho, pero ahora soy el idiota que te arreglara –la apretó más entre sus brazos, mientras ella sonreía sin que él pudiera verla
- Eso no te quita lo idiota
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La chica esperaba la llamada de una escuela deportiva esa mañana, había trabajado muy duro para intentar quedar, entrenó por meses, incluso molesto a cierto amigo suyo por todos esos días para que le ayudase a entrenar, y aunque en realidad no es que lo quisiera, sin embargo su ansias por ser la mejor en lo que le gustaba la impulsaba a hacerlo
Rodaba en el tapete de su casa, mientras sostenía su móvil entre los dedos ¿Por qué tardaban tanto? Se supone que ese día le darían su respuesta, era todo lo que quería, luego celebraría su victoria… y si no era así, si no era así no importaba, nada cambiaría, al menos eso era lo que ella pensaba, sus dueños siempre habían sido unidireccionales, incluso si a veces en la noche llenara su cuaderno de dibujos de hermosos vestidos esa no era su meta ¿cierto?
No podía serlo… no podía, ella no
Aun miraba el teléfono; simplemente no sonaba y estaba empezando a exasperarse, Biyomon se encontraba fuera en esos momentos así que tampoco es como si pudiera, al menos, tenerla abrazada para poder calmarse un poco, estaba generando estrés a mil por hora y no había forma de remediarlo, quizás si escuchaba música por un rato…
Entonces, el teléfono sonó.
Atendió sin siquiera pensarlo, la voz casi indiferente que se oía tras la línea la hizo tensar cada músculo de su cuerpo ¿y ahora qué? No era capaz ni tan siquiera de preguntar, para su gracia ni siquiera tuvo que hacerlo, le dieron la noticia de inmediato mientras ella se quedaba petrificada en su lugar, no podía moverse, ni respirar, ni siquiera un parpadeo, parecía una verdadera estatua, solo fue capaz de decir “gracias” para, posteriormente, colgar el teléfono.
Sonrió de lado, aquél tipo de sonrisas que se esbozan cuando no sabes en que pensar, tomo nuevamente el teléfono macando el único número que le vino a la mente, por unos segundos esperó hasta que al fin cayó la contestadora, rio un tanto adolorida, ya se esperaba algo así, simplemente colgó el teléfono y lo apagó mientras era más guiada por sus sentimientos que por su cerebro a un parque cercano.
La nieve caía como pequeñas motas de hielo, le empapaban haciéndole sentir frio pero ¿Qué mejor que eso cuando te sientes desolada? Ella jamás se había sentido tan deprimida en su vida, así que era lo menos que podía hacer… enfriarse la cabeza con el clima, mientras reubicaba sus sueños en su cabeza, eso era lo más sano y lo sabía, quizás el deporte, después de todo, simplemente no era lo suyo y su madre siempre tuvo la razón, aunque simplemente en esos momentos no quería pensar en eso.
Solo quería el frío, que la desolación se fuese de un momento a otro y el calor le abrigara nuevamente, pero era misión imposible en esos momentos, sus sentimientos eran pequeñas cuchillas que amenazaban con atravesarla por completo, incluso si no dolía tanto como pensaba que lo haría el solo saber que pensaba en imposibles le nublaba la mente… hasta que sintió unos brazos rodearla de la cintura.
Por supuesto, en defensa personal pateo al ser que lo había hecho, este quejándose cayó al suelo para luego mirarla con tristeza.
- ¿Vengo a abrazarte y así es como me pagas Sora? –preguntó el moreno aún en el suelo, ella suspiró
- Tai… uno no llega a abrazar a la gente de la nada, casi me matas del susto –le extendió la mano para ayudarle a levantarse – lo siento
- No te preocupes, quizás tiene razón –se rascó la nuca un tanto avergonzado mientras la pelirroja suspiraba -¿Qué te paso?
- ¿Cómo supiste que estaba aquí?
- Una pregunta no se responde con otra Sora –rio levemente, pero igual prosiguió –nada mas marcaste una vez… y luego apagaste el móvil, eso es señal de que estabas muy triste, y cuando estas triste siempre vienes a este lugar, es fácil –inquirió simplemente, ella tras analizar sus palabras se fue de nuevo a sus brazos –o-oye… ¿estás bien?
- Cállate… no lo arruines – él obedeció con una simple sonrisa, envolviéndola en sus brazos -¿pero cómo es que apareces cuando te necesito?
- Te conozco demasiado ¿quizás es eso? – la otra sonrió sin alzar la mirada, allí estaba cómoda y protegida entre sus brazos, era como si siempre que los necesitara simplemente los tendría allí para ella
- Quizás… probablemente si lo sea
Simplemente se quedaron de esa forma bajo la incesante lluvia, sabían que contando con el calor del otro jamás se congelarían, demasiado absortos en su mundo como para pensar en nada mas, y ella lo sabía, aunque le costase admitirlo y si se lo preguntaran no lo diría, aquel chico era el único capaz de arreglarla, de ver más allá de esa apariencia que daba y saber, que en el fondo, ella era solo una chica, una chica cuyo día se iluminaba con la presencia de su mejor amigo, de su único amor.

